Activistas de la democracia, una esperanza para las sociedades
Verónica Veloz Valencia
Titular de la Unidad de Comunicación Social
El convulso siglo XX, repleto de guerras, psicosis colectivas, amenazas nucleares y un sinfín de catástrofes quedó marcado también por el surgimiento de figuras mundiales, capaces de brindar esperanza a una humanidad cansada de no encontrar un oasis de tranquilidad. Así, Gandhi, Martin Luther King, José Vasconcelos, John Lennon o Rosa Parks se convirtieron en iconos y voces que repudiaron la crueldad, la violencia y el abuso por parte de los poderosos o de regímenes anti-democráticos, gestando movimientos que en varios casos continúan transformándose en esta modernidad.
Si bien se puede estar a favor o no de sus dichos e ideas, lo cierto es que se atrevieron a dar un paso adelante para mostrar otro camino, incluso, opuesto, a promesas vacías, disfrazadas de simples propagandas sin acciones de fondo. Varios de estos personajes pagaron con su vida semejante osadía, pero hicieron germinar con valentía la posibilidad de que las sociedades generen un cambio.
Así, en días recientes, la figura de una adolescente sueca, Greta Thunberg, activista contra el cambio climático, dio la vuelta al orbe, ya que en plena Cumbre de Acción Climática en las Naciones Unidas, levantó su voz para demandar a los líderes del mundo acciones reales y menos palabras ante lo que parece una hecatombe sin regreso. Aplausos y críticas por igual circundaron a esta joven de 16 años de edad, víctima del Síndrome de Asperger, una condición autista, que no le ha impedido enviar un mensaje duro y directo.
Tal es el poder de su convocatoria, que jerarcas mundiales, como el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el mandatario ruso, Vladimir Putin, se han tomado la molestia de criticar a Greta, tachándola de ignorante y con severos problemas de conducta, sin embargo, ¿qué tanto les habrá afectado las agendas de Trump y Putin para personalmente intentar desacreditarla?
Como mencionamos anteriormente, se puede estar a favor o no de las ideas de los mensajeros del cambio, pero por lo menos hacen algo para mejorar sus sociedades, a diferencia de los millones que cómodamente, desde el anonimato, tachan, insultan o golpean los actos de esta sana rebeldía. Ojalá y hubiera millones de “Gretas”, dispuestas no sólo a modificar lo erróneo de la existencia, también, a vigilar lo poco o mucho que la democracia gana cuando hay un intercambio de opiniones sustentadas.
Siempre será más fácil quedarse cruzado de brazos y no fomentar ideas propias. Ni la presencia de las redes sociales convence a los indiferentes de consolidar mecanismos para un mejor porvenir, tal pareciera que el simplismo de criticar sin conocimiento de causa es el pan de cada día, para luego, claro, arrepentirse (una vez más, recordemos los dos ejemplos de la apatía global: el Brexit y Trump).
Greta Thunberg, es un ejemplo claro de que la juventud pide a gritos al resto de las generaciones un despertar, un cambio contundente e inmediato, y nos recuerda también que el poder democrático está en las manos y al alcance de todas y todos.