Agenda Mexiquense

A 70 años del voto de las mujeres en México

Dra. Amalia Pulido Gómez

Consejera Presidenta del IEEM

El reconocimiento del voto de las mujeres en México hace 70 años fue un parteaguas en materia de derechos. Los compromisos democráticos emanados del México postrevolucionario cobraron vigencia, una vez que nuestro país reconoció la universalidad del sufragio. Desde 1953, todas y todos participamos en la decisión sobre nuestros gobernantes.

Detrás de la decisión adoptada por el Presidente Ruiz Cortines, en el sentido de proponer una reforma constitucional que reconociera el derecho de las mexicanas a votar y ser votadas, estuvo la influencia de otras democracias. Además, las mujeres mexicanas fueron hábiles en propiciar cambios culturales que reconocieran la necesidad de su participación en condiciones de igualdad con los varones.

Del lado del contexto internacional, es de destacar el papel de la 19ª enmienda a la Constitución Estadounidense (1920), misma que reconoció la participación política de ambos sexos. Este debate pronto permeó a otras naciones que debieron discutir la universalidad del sufragio como condición necesaria para la expansión democrática.

Del mismo modo, la historia registra los movimientos sufragistas que fueron surgiendo en el mundo. Particularmente exitoso fue el caso de las mujeres británicas que en los últimos años del siglo XIX aglutinaron diversos movimientos pro voto femenino en distintas ciudades inglesas y lograron constituir un movimiento de alcances nacionales. La bandera no se agotaba en el reconocimiento del derecho al sufragio, sino que de manera amplia buscaba la igualdad jurídica entre hombres y mujeres. Representaron eficazmente la primera oleada del feminisimo.

Pero quienes de manera decisiva consiguieron el reconocimiento del voto en México fueron las distintas líderes y organizaciones que, desde la Revolución entendían que la democracia mexicana sólo estaría completa con la participación de ambos sexos. Hermilia Galindo, por ejemplo, exigió al Congreso que redactó la Constitución de 1917 que ese texto reconociera el derecho de las mujeres a participar en elecciones.

Desde el ámbito local, fue emblemático el caso de Yucatán, entidad que reconoció el derecho al voto femenino en los años 20 del siglo pasado, es decir décadas antes de la reforma que lo llevó a la Constitución federal.  La historia del sufragio femenino en México reconoce a Elvia Carrillo Puerto como impulsora de esa realidad local, derivado de su papel como promotora de ligas de mujeres en su entidad. Quien fuera hermana del Gobernador del estado fue la primera mujer votada para un cargo local.

Pero quizás la expectativa más importante que hubo de que el voto femenino fuera reconocido ocurrió en 1937, cuando el Presidente Lázaro Cárdenas envió una iniciativa al Congreso. Dicha propuesta surgió en respuesta a diversas movilizaciones que exigían a los Colegios Electorales reconocer los triunfos de algunas mujeres que se habían postulado a cargos de elección, aún sin tener en la ley el derecho de hacerlo.

Son esas influencias internas y externas las que explican que dos décadas después, el país haya logrado su más importante reivindicación. Las sufragistas de dentro y fuera del país generaron las condiciones de posibilidad para que las siguientes generaciones de mujeres pudiéramos votar en libertad.

Durante siglos, las mujeres fueron excluidas de los procesos políticos y, por lo tanto, marginadas en la toma de decisiones que afectaban sus vidas. Con el acceso al voto, las mujeres tienen la capacidad de influir en la elección de las personas que habrán de gobernarlas, lo que a su vez se traduce en políticas más equitativas y sensibles a las cuestiones que les afectan de manera única.

Sin embargo, esta lucha por la igualdad aún presenta retos importantes. Específicamente a nivel local aún encontramos resistencias y prácticas patriarcales que buscan mermar a la participación de las mujeres. Según lo muestran datos sistematizados por el INE, en el país hay apenas 545 municipios encabezados por mujeres, es decir un 28.9%. Si bien ese dato es más esperanzador para el Estado de México con 38% de alcaldesas en la entidad, también confirma un rezago respecto al anhelo paritario. Ello implica identificar, reconocer y atender las barreras que impiden a las mujeres competir en igualdad de condiciones.

Desde el Instituto Electoral del Estado de México estaremos trabajando para que, en las elecciones venideras, las mujeres de la entidad que así lo consideren puedan encontrar en la política electoral un espacio para su crecimiento personal y comunitario. Nos aseguraremos que garantizar condiciones para el debate político libres de violencia.

El día de hoy a 70 años del reconocimiento del voto de las mujeres en México, sigamos insistiendo, sigamos apropiándonos de los espacios y sigamos abriendo camino para la que vienen detrás.

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